Gracias a la ingeniería de agentes y a los grandes modelos de lenguaje, el tiempo de desarrollo de una aplicación local funcional se ha reducido de trimestres a pocas horas. Los entusiastas pueden materializar las ideas más audaces mientras toman un café, creando prototipos funcionales durante los fines de semana.

Sin embargo, dentro del ecosistema corporativo, caracterizado por una infraestructura rígida y millones de usuarios, este enfoque se topa con una barrera invisible. Los prototipos locales colapsan al chocar con redes corporativas y errores en cascada, o son bloqueados por la dirección.

Los líderes empresariales temen la volatilidad operativa que introducen las aplicaciones creadas rápidamente, lo que hace imposible su implementación directa en entornos de producción sin una revisión exhaustiva.